Recomendaciones
Mampostería
Los mampuestos utilizados en paredes deben tener un contenido de humedad adecuado. Deben humedecerse en la mayoría de los casos, evitando una succión excesiva de los ladrillos que provoque una pérdida prematura del agua del mortero, dando lugar a que el cemento no reaccione en su totalidad, produciendo el fenómeno de afogaramiento, conocido como "mortero quemado".
La altura de la mampostería construida en un día no debe ser excesiva, dependiendo de su espesor, el peso de los mampuestos, el tipo de mortero y espesor de juntas.
Una vez colocadas las piezas a restregón no podrán moverse. Si fuera necesario hacer una corrección para modificar su posición, se deberá eliminar el mortero de asiento.
Una vez colocado el ladrillo, el mortero debe rellenar totalmente las juntas, y si es necesario se deberá añadir mezcla donde haga falta, apretando la misma con la cuchara de albañil. La impermeabilidad del mortero es especialmente importante en cerramientos exteriores.
Las paredes recientemente construidas se mantendrán húmedas, sobre todo cuando las temperaturas sean altas y la humedad relativa del aire sea baja y/o los vientos sean demasiado fuertes.
Las mamposterías recién construidas se deberán proteger contra el viento y se evitarán los daños originados por las actividades de su puesta en obra.
En caso de lluvias se deberán interrumpir los trabajos, cuando estos se realicen a la intemperie. Las paredes recientemente construidas se deberán proteger, para evitar la erosión de las juntas y la excesiva absorción del agua de lluvia por parte de los mampuestos.
En tiempos de heladas, también se interrumpirán los trabajos, debiendo proteger las obras de mampostería. Al reanudar las tareas se comprobará la parte construida correspondiente al día anterior.
Es necesario respetar las dosificaciones aconsejadas por el fabricante y su correcta puesta en obra. Desde el momento en que el mortero se ha aplicado, hay una serie de factores que tienden a destruirlo; penetración de agua de lluvia, agentes corrosivos, eflorescencias, contracciones, choques térmicos, altas o bajas temperaturas, etc. El cuidado de todos estos factores contribuyen a su durabilidad.